domingo, 15 de febrero de 2009

DE CARTAS A MILLER: SUPERVIVENCIA



“La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir.”
Gabriel García Márquez.

“Todo lo que ocurre, cuando tiene importancia, es contradictorio por naturaleza”
Henry Miller (Trópico de Capricornio)




Sobreviví a la inocencia, a largas horas de lectura y nostalgia,
Al castigo sin recreo y a la rebeldía.

Sobreviví a los excesos de mi mente,
A la locura precisa y al lenguaje,
Sobreviví a la curiosidad mortal de gata insomne, en las noches aguadas de los primeros veranos.

Sobreviví al mar, a la vanidad, a los zapatos de tacón sin treguas, al carmín en el borde de una copa que no debía terminar.


Sobreviví a las pesadillas, a mis sueños desbordantes, al afán creador y a la destrucción masiva.
Sobreviví a la esperanza sin resquicios, a las puestas de sol y lunas rojas,
Al hastío, a la impaciencia y a las amapolas.

Sobreviví al miedo a dormir sola.

Sobreviví a la violencia y al lujo,
A la lujuria, a la música en directo, a la lluvia de los miércoles, a la compasión al prójimo y a los barbitúricos.

Sobreviví a los viajes transcontinentales, al mestizaje y al ultraje esporádico, sobreviví a los anillos y a la ausencia de Dios.

Sobreviví a noches eternas de sexo somnoliento y a tardes fugaces de poemas y besos.


Sobreviví a los hombres, al traje de chaqueta, a la cena que termina con el vestido en el suelo.

Sobreviví a las maletas que ocultan billetes en un doble fondo, a los taxis, a la mafia, al tráfico, a los amaneceres sentada en un banco comiendo tallarines.

Sobreviví al suicidio, a los hospitales, al cáncer y a la falta de amor,

Sobreviví a la primavera, a la lógica simbólica, a los invictos, a los ídolos salvajes y a los patos domesticados.
Sobreviví al arte pre-románico y a horas de lágrimas.
Sobreviví a la inclemencia de mi orgullo, a la fragilidad, al caos, al ruido y al tumulto.
Sobreviví al vacio de un corazón abisal,
Sobreviví a los experimentos sentimentales, a los tríos y a los celos,
a las promesas y los para- siempres.

Sobreviví al incombustible deseo y a la aprobación ajena, a la buena educación y a los burdeles.

Sobreviví a la política, a Tomás Moro, Artaud, Frida Khalo y demás masocas.


Sobreviví a la pureza infinita y tierna en la mirada de mi hija.

Sobreviví al “ipso-facto”, a la ironía, a los muros y a las murgas.

Sobreviví a la soledad y a los ladrones, a los pedantes adulterados, a los bohemios y a los iconoclastas.

Sobreviví al fuego de esta alma valiente que me lanza sin reservas.


Me sobreviví a mí misma.


















Sobreviviste a la inocencia, a su pérdida brutal, al silencio ajeno y a la afasia.

Sobreviviste a los excesos de tu mente,

Al precioso delirio y a la aflicción subterránea.

Sobreviviste al exilio alemán y a todas las distancias.
Sobreviviste a la costa, a la flor del Naranjo, a las máquinas de coser y a algún invierno de hambre.


Sobreviviste al golpe seco de una mano de padre, a la espera y el espanto de su llegada a casa, al sordo rencor de un significado ausente.
Sobreviviste a los miedos de un armario oscuro, a las quimeras y a los gritos.

Sobreviviste al aroma de la albufera, al azul del cielo desde una terraza,
a las prostitutas del barrio del Carmen y a los descampados que pueblan las escavadoras.

Sobreviviste a una única chaqueta de chándal, a los melocotones y al arroz al horno.
Sobreviviste al apendicitis y a los besos.

Sobreviviste a las Amistades Peligrosas, al frío de Marzo, a la disciplina y a los uniformes.
Sobreviviste a los amigos que caen del cielo y mueren,
sobreviviste a la pérdida y las órdenes.
Sobreviviste a los sueños sumergidos bajo el agua.

Sobreviviste al amparo incondicional de una madre nueva, a una novia de ternura y queso de Burgos.

Sobreviviste a los coches de lujo y al diseño gráfico, sobreviviste a los días llenos de interrogantes, sobreviviste a la apariencia, al narcisismo, al espejismo y al orden.

Sobreviviste a la cocaína.


Sobreviviste a la inconsciencia y el exceso, a las rubias de bote, a las camas impropias, a las orgías y al insomnio.

Sobreviviste a la infidelidad, a la infelicidad consciente de un sinsentido, a la soledad infinita de todos los días.
Sobreviviste a la fiesta, al mañana mejor, al hallazgo de promesas.


Sobreviviste a Australia.

Sobreviviste a la crueldad salvaje contra ti mismo.

Sobreviviste a los doce pasos, a las caídas vertiginosas al abismo de tu alma,
sobreviviste a la fragilidad, a la inseguridad, a ser vulnerable y no demostrarlo.
Sobreviviste a las heridas que no cierran, a los destinos prefijados,
a las chaquetas de marca y a las marcas indelebles que deja el dolor al paso.

Sobreviviste al egoísmo, a los barcos de madera, a los amigos millonarios.

Sobreviviste al fuego de ese alma valiente que te lanza sin reservas.

Te sobreviviste a ti mismo.



Sobrevivimos al día a día, cada día.
Sobrevivimos primero a los finales.
Sobrevivimos a los lunes y sobrevivimos a los jueves,
a los paseos nocturnos hasta las tres de la mañana,
a las noches de invierno enredando tus piernas en las mías.

Sobrevivimos al silencio de la rutina cotidiana,
a la mágica creencia de que nosotros éramos distintos.
Sobrevivimos a las bandadas de pájaros de la ira,
a las pequeñas muertes y a los suicidios colectivos,
a nuestras diferencias insalvables
al eco de la voz, al flujo de la vida.

Sobrevivimos al cansancio y a la euforia,
a la incompatibilidad perpetua y a nuestro ego gigantesco.

Sobrevivimos a todo lo vulgar,
a la obscena ceremonia de la mentira,
a la pornografía y los versos repetidos,
a los fantasmas de las terceras personas y a los segundos lugares.

Sobrevivimos a los helicópteros, a los parques, a las caricias y a la sangre,
Al ni contigo ni sin ti.

Sobrevivimos al deseo y a la asfixia.

Sobrevivimos a la ternura indemostrable, al más difícil todavía.

Al Tú o Yo.
Sobrevivimos al Nosotros.

Sobrevivimos al agobio y a las prisas, a alguna que otra película mala,
a las peleas a voces y a las dudas.
Sobrevivimos a la desconfianza, a la extrañeza, a los espejos.

Sobrevivimos a las cartas y a las compras, a la sodomía y al bricolaje.
Sobrevivimos a la puesta en común de lo inigualable,
Sobrevivimos a los monstruos del abismo,

a las pesadillas y a la fiebre.

Sobrevivimos a la montaña rusa de las emociones,
Al pozo ensombrecido del asombro,
A las pieles y a las sombras.
Sobrevivimos a la luz. Sobrevivimos al olvido.


Sobrevivimos al vicio y a la tregua.
Sobrevivimos al espacio y a las palabras venenosas.
A los amaneceres.
Sobrevivimos a la adicción, al laberinto, al desencanto.

Agotado el intento constante de acabarnos,
De finales y puentes destruidos,
De adioses y fines transparentes,
De venganzas ruidosas del destino,

Contra todo pronóstico, predicción o apuesta,
Sobrevivimos, Amor, como a la muerte.
Sobrevivimos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te agradezco, Cherie, tu exquisita definición de todo mi pasado, de todas mis vivencias y de todos mis recuerdos. Nadie en esta vida había conseguido con unas simples letras plasmar tantos recuerdos en una cabeza ya dañada por las drogas.
Sin más, y esperando una noche loca de sexo.
Se despide.
Miller.
PD-Te espero en la cama.